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  • 17/04/2018

    UNA MEJOR ASISTENCIA PARA TRACTORES…

    Una necesidad reclamada y necesaria para el día a día de trabajo del agricultor/ganadero con su principal herramienta de trabajo, el tractor. Ahora podrás llevarlo a tu taller de…
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  • 22/11/2016

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  • 12/05/2016

    RECARGO DEL CONSORCIO DE COMPENSACION…

      A partir de 1 de Julio de 2016 entra en vigor la nueva normativa (el Estatuto Legal del Consorcio, en su artículo 7b) incluye el ramo de RC en vehículos terrestres…
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  • 15/12/2015

    Un buen seguro de coche y hogar debe…

    Según datos publicados por Agroseguro basados en un estudio sobre recurrencia del pedrisco desde los años 2004 a 2012, cada año se producen en España una media de…
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  • 25/09/2013

    Grupo Arcoiris y Correduría Arcoiris destacados en el contenido del nuevo número del periódico de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón. Las noticias del Grupo Arcoiris…
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La Sanidad Pública es uno de los sectores de acción pública y social, competencia de las Comunidades Autónomas y también del Estado, más afectados por la actual crisis económica (no hay dinero), financiera (ojo: especuladores cerca), de confianza (no creemos) y de valores (la sociedad ha desarrollado ideales de inmediatez en sus aspiraciones que se han demostrado incompatibles con la realidad de un crecimiento justo y equilibrado); es decir, un sistema total en quiebra… y conviene urgentemente que nuestros políticos establezcan los mecanismos REALES Y CONTUNDENTES necesarios para erradicar el actual sistema sustituyéndolo por uno nuevo en el que se premie y priorice la cultura del esfuerzo diario y no del pelotazo, el crecimiento real y sostenible y no el falso crecimiento contable sustentado en ingeniería numérica y la educación en lo básico y sustancial y no en lo accesorio y prescindible… Es decir, un nuevo sistema basado en muchos principios que, casualidades de la vida, tienen y han tenido históricamente los productores agrícolas y ganaderos.

Pero, como decíamos, esta crisis global se está llevando por delante a la Sanidad Pública, uno de los pilares de nuestro Estado Social y de Derecho. Prácticamente cada día nos desayunamos con alguna noticia que pone de manifiesto la difícil situación que atraviesa nuestro Sistema Nacional de Seguridad Social. Igualmente, en mayor o menor medida, cada uno de nosotros conocemos casos de actuaciones hasta hace poco inimaginables y que tienen que ver con las restricciones al gasto sanitario. Un ejemplo sería la negativa de la Comunidad Autónoma de Cataluña a despachar medicamentos a enfermos crónicos que no están empadronados en alguna localidad catalana. Otros ejemplos son la limitación del gasto farmacéutico, las “mordidas” a las retribuciones de los profesionales de la sanidad o la creciente corriente de implantación del copago sanitario.

Por cierto, para acabar imponiendo el copago nuestros administradores políticos nos “preparan” el terreno haciendo continuas alusiones a la necesidad de que la población conozca la denominada “factura sanitaria”, lo que cuestan los servicios de la Sanidad Pública. Ciertamente, conocer lo que cuestan cualesquiera de nuestros servicios públicos, no sólo el sanitario, es un ejercicio de madurez y responsabilidad social así como el establecimiento de mecanismos eficaces que eviten el abuso y la picaresca (uso innecesario de nuestros Sistemas de Salud que colapsa el sistema, consumo y acumulación de fármacos desproporcionado, etc); ambos aspectos, dar a conocer el coste sanitario y establecer mecanismos eficaces de control, son competencia de las Administraciones Públicas y son deseables, pero de ahí a querer imponer como criterio general el copago media un abismo. No nos engañemos, a través de nuestros impuestos ya pagamos la factura sanitaria, y otras muchas, por lo que el copago supondría pagar dos veces por lo mismo. Se daría la perversa situación de que aquéllos que necesitan de la Sanidad (se supone que la necesitan no por capricho sino porque están enfermos) además de haberla pagado con sus impuestos tienen que volverla a pagar por el hecho de sufrir una enfermedad o dolencia que les obligue a hacer uso de nuestro Sistema Sanitario… es perverso porque el mensaje implícito es “no enfermes o no te quejes del dolor o lo pagarás”. Lo que debe exigirse es un mayor y eficaz control que evite los abusos en el uso de la Sanidad Pública y una gestión mucho más eficiente.

En este contexto, agravado por el hecho de que la deuda sanitaria puede alcanzar, según recientes estudios, los 10.000 millones en diciembre pese al tijeretazo en el gasto sanitario y la obvia conclusión de que van a dejar de ofrecerse prestaciones que hasta ahora sí se ofertaban por la red sanitaria pública, parece inevitable plantearse si es necesario o no acudir a la Sanidad Privada para completar a la amenazada Sanidad Pública.

Todo apunta a que es ciertamente recomendable y para ello vamos a dar unas simples notas que inciden en esta idea:

1.- Nuestro Sistema Sanitario ha estado a la vanguardia a nivel internacional pero el Índice de Consumidores de la Sanidad Europea ha rebajado notablemente la nota de la Sanidad Pública española y nos coloca en el puesto 21 de ránking. Es decir, España es un país en el que conviene completar nuestra Sistema Sanitario Público con un accesible Sistema Sanitario Privado

2.- Tenemos un Sistema Sanitario Público saturado y con las famosas listas de espera más largas de Europa lo que se traduce en una extraordinaria lentitud del Sistema. Otra característica típica de nuestro Sistema Sanitario Público es que es de naturaleza reactiva (es decir, más curativo que preventivo) ya que le sería imposible asumir una política o asistencia preventiva por su altísimo coste (cobertura universal a la población). Estas situaciones no se dan en el Sistema Sanitario Privado, articulado a través de los Seguros de Salud, que se caracteriza por el trato personalizado y directo, rápido y sin listas de espera, y por la apuesta por la medicina preventiva que permite acceder a diagnósticos precoces con todas las ventajas que supone detectar problemas a tiempo de ser tratados.

3.- Tratamientos muy comunes y extendidos no están cubiertos por el Sistema Sanitario Público. Así, la rehabilitación y la fisioterapia son servicios ofrecidos por los Seguros de Salud pero que son rechazados por la Sanidad Pública por su elevado coste o son sustituidos por el tratamiento farmacológico (por ejemplo una de las dolencias más extendidas entre la población: la lumbalgia). Otro clásico: servicios y enfermedades dentro de la salud dental. La Seguridad Social, en contra de lo que ocurre con los Seguros de Salud, flojea claramente ya que cubre a personas jóvenes y los más graves de los mayores en casos que puedan alterar la salud general y desembocar en sucesos más graves.

4.- Inmediatez del Sistema Sanitario Privado que te permite despejar dudas respecto a una dolencia en un momento determinado, evitando las listas de espera para especialistas de la Seguridad Social. Caso de confirmarse que dicha dolencia fuese de carácter grave, sí se acaba derivando al Sistema Sanitario Público por la disposición de medios materiales y humanos gratuitos que posee. Pero inicialmente hemos ganado tiempo acudiendo a la inmediatez del Seguro de Salud.

5.- Los Seguros de Salud no son propios de sectores elitistas. Que lo sean es una errónea creencia extendida entre la población y que sí que era cierta cuando el sector médico privado no estaba tan extendido. Hoy en día, y con la especialización y competitividad de numerosas compañías, es posible obtener un Seguro de Salud por lo que cuesta una cuota de un gimnasio.

En resumen, la situación de crisis actual que incide muy negativamente en el Sistema Sanitario Público nos aconseja ser previsores en el aspecto más importante de nuestras vidas, la Salud, y suscribir un Seguro de Salud que nos permita complementar las prestaciones propias de la Seguridad Social.

FUENTE; revista ARAGON.COOP